Imagen con fines ilustrativos

Genéticamente habemos a quienes los rasgos físicos, según el sexo biológico, se nos acentúan más. En mi caso soy un tipo con caderas pronunciadas, cintura y busto marcado. Vivo con un cuerpo el cual, cualquier mujer transgénero y cisgénero, no encontrarían disonancia, pero yo sí…a veces.

Tal vez por muchos años renegué de él, en otros no tanto y traté de adaptarme a él y que él lo hiciera conmigo. Desde pequeño lo encontré como una piedra de tropiezo, que “no me permitía” participar en los equipos de fútbol con otros niños cisgénero; o bien, un cuerpo que no me permitió hacer lo que mis pares hacían, porque eso no “concordaba” mi sexo asignado.

No es un Obstáculo

Pero descubrí que mi cuerpo nunca ha sido un obstáculo, ni una piedra en el camino. Descubrí que más allá de lo que la sociedad veía en mí –ya sea un hombre o una mujer–, soy lo que quiero ser, soy lo que siento ser y a partir de eso, cimiento mi seguridad.

Entonces descubrí que, efectivamente, el primer impedimento es mi mente y mi equilibrio emocional. Descubrí que la naturaleza me otorgó un cuerpo saludable, que funciona perfectamente; un cuerpo el cual debo cuidar, alimentar bien. Un cuerpo que es memoria, que merece el amor y la paciencia que él ha decidido darme, porque a pesar de mi negación por tantos años, él ha decidido perdonarme y no somatizar tanto odio y rechazo.

Por eso hoy acepto que soy un tipo que menstrúa, acepto que soy un tipo que a veces puede parecer más chica que chico. Acepto que soy un chico con tendencias y rasgos femeninos y lo tomo como un privilegio, puesto que veo la figura de la mujer trans y la mujer cis, como una de mucha fortaleza y equilibrio. Acepto que con cierta ropa se denote más la figura de una mujer, aunque yo no me sienta como tal.

Imagen con fines ilustrativos.

Paz

He decidido buscar la sanidad emocional y mental, hacer la paz con mi cuerpo. Decirle que aunque a veces no me siento a gusto, estoy agradecido; decirle también que considero su anatomía y funcionamiento biológico, y que no pienso intervenirlo química ni quirúrgicamente si no es necesario.

Y entonces, a partir de todas esas premisas y enseñanzas, que en definitiva no han sido gratuitas, vivir la transición, desde la paz y el amor, en armonía con las y los pares. Sabiendo también que queda mucho por educar y enseñar, y que el primero en aprender siempre voy a ser yo.

*André es un hombre trans y estudiante de pedagogía.

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